Tuesday, February 24, 2015

El horror de bicicletas

Una tarde particularmente hermosa de primavera, hace muchos años - decidí que fue el día para aprender a montar en bicicleta. Lo único aspecto que necesito mencionar es era el día de la madre. ¿Quién hubiera pensado que un día tan feliz terminaría en tragedia?
Nadie hubiera sospechado que este día de la madre sería llegar como ninguna otra. Yo tenía 6 años y parecía apropiado que yo finalmente aprendí a montar en bicicleta. Olvídate, triciclos y vehículos de cuatro ruedas - que era cosas de niños. Así que en este día de la madre en particular, mi alma ambiciosa optó para pasar algún tiempo de calidad con mi madre por ella enséñame a montar en bicicleta. En retrospectiva, esta decisión fue probablemente resultado de mi deseo de ser como mis hermanas mayores. Cuando me trajo la idea a mi madre, ella se apresuró a emocionarse y salir a la calle. Hasta el día de hoy ella se sigue afirmando que era el mejor regalo que yo podía dar - menos la sangre.
Lo que me lleva a la escena del crimen - o accidente, por así decirlo. Después de dos horas seguimos intentando sin demasiado éxito independiente,  mi madre decidió que mi intenta era buena pero ella me dijo que era ahora o nunca, tenía que intentarlo por mi cuenta. Verdaderamente me aterraba y sólo quería mi mamá para aferrarse a la bicicleta para el resto de la eternidad - quien no tiene miedo a caerse? Mentirosos. Resultó que no tenía ninguna razón para tener miedo....hasta que treinta minutos más tarde.
Después de un coro de aplausos de mi mamá y mi papá después de un exitoso primer viaje en solitario de bicicleta, mi mama se decidió que necesitaba la cámara. En la ausencia de mi madre, decidí que estaría bien tomar mi nueva habilidad en la calle - literalmente. Cuando comencé a montar me di cuenta de que había cometido un error fatal. Casi en cámara lenta el neumático delantero cogió el borde de una roca en el camino y salió volando por los aires fui hasta mi cara golpeó el asfalto con un ruido - THUD!

Ocho puntos de sutura después salí de la sala de emergencias en el hospital Mount Auburn angustiada y cansada. Que había lograda una gran hazaña por dominar el arte de equilibrar una bicicleta, pero mi confianza estaba tan roto como mi cara. Mirando hacia atrás en esta experiencia años después no puedo sino reír, porque el final del día terminó sin duda horrible, pero me gustó mucho el momento en que llegué a pasar con mi familia. La ironía de esta historia, sin embargo, es que hoy en día no voy a ir cerca de cualquier bicicleta. He tenido demasiadas incidencias casi traumáticas y sentir que seguramente yo no pertenezco con una bicicleta. Ahora, no tengo ninguna intención de unirse a una pandilla bicicleta, pero siempre voy a apreciar los recuerdos de aprender a montar uno.

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