Estaba en el café con mi gin tonic esperando por Jaume Figueras por la
primera vez cuando yo vi él, el hombre que en todas maneras me parecía a mi
padre. No podía creerlo. Su pelo gris y aceitoso, las gafas redondas a la punta
de su nariz grande como un monumento. Era
como estaba visto mi padre en su oficina, bebiendo un café y leyendo uno de sus
grandes libros de historia antes de un día larga a la universidad, como he
hecho cada día por años.
Quería hablar con esto hombre, para nada más que me recordó de mi
padre y en una manera extraña, creía que era mi padre. Sabía que no era posible,
no estoy loco, pero el parecido era demasiado por yo en esto momento de
anticipación. No podría imaginar como hablar con Figueras con este sentimiento acuciante,
y en toda honestidad, aliviaba que él no vino. No hablé con el hombre, pero le interpreté
como un indicio que mi padre estaba orgulloso de mi trabajo y que empecía
escribir otra vez.
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