Hacía mucho viento ese día, y mi
corazón estaba latiendo como un tambor. Hacía unas meses en que ingresé en la
milicia de los rojos. Mis brazos y piernas temblaban como un árbol durante una
tormenta masiva. Los preso estaban de pi al reverso, sin hacer ruido, como si
hubieran aceptado sus destinos oscuros. Agarraba mi escopeta holgadamente, pensando
en mi mismo de qué debía hacer. Mis preocupaciones me paralizaron, y no podía
moverme. Vi que una línea de soldados se pusieron de frente de los presos, levantaron
los escopetas mientras un hombre los ordenaron. Cerré mis ojos y de repente oí
el ruido de explosión de las balas y cuando los abrí, observé la misma línea de
presos, que unas segundas anterior estaban de pie, ahora fallecidos y cubriendo
la tierra. Estaba a punto de llorar, entonces, me fui para sentarme bajo de un árbol.
Cerré mis ojos mientras oía los mandatos del general y la confusión de los
soldados. Abrí mis ojos y vi durante la confusión y preparación para la segunda
ronda de fusilamientos, un hombre saltó de la línea de cautivos de corrió con
rapidez a la bosque sin que alguien darse cuenta. Miré al cielo y di las
gracias a Dios.
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