Tuesday, March 3, 2015

Las cazafantasmas


Sentada en la oficina del director de mi escuela, miraba mientras mi vida y mi carrera como cazafantasma terminaban ante mis ojos. Tenía nueve años y mucho miedo porque hasta ese momento, nunca jamás había roto las reglas y, por eso, no podré imaginar mi vida después de la infracción que acababa de cometer.
Empezó cuando una de mis amigas de nuestra clase de quinto curso vio una luz rara en el teatro de nuestra escuela, y nos dijo que pensaba que estaba encantado. En eses días, nuestra actividad favorita era cazar fantasmas (especialmente durante nuestras fiestas de pijamas), luego no necesitó decir más para capturar nuestra atención. Esa semana, empezamos a cazar fantasmas en el teatro durante nuestro recreo.
Para un grupo de estudiantes de quinto grado, éramos criminales engañosas, planeando nuestro ataque durante la clase anterior recreo bajo el nombre, “The Usher Concert” para ocultarla de nuestra maestra, la señora Neimann. Decidimos quiénes tendrán el trabajo de vigilado las puertas y quiénes el de entrado el teatro en busca de fantasmas. Y al día siguiente, llevé mis walkie-talkies al colegio para ayudarnos.
Con “The Usher Concert” en nuestras vidas, cada día era una aventura. Me despertaba emocionada e impaciente por que llegara la hora del recreo. Sabíamos que lo que hacíamos era cuestionable y disfrutábamos muchísimo el riesgo de los momentos en que nuestras chicas de seguridad llamaban a la puerta para indicar que alguien estaba viniendo para el teatro – ¡jugado el fútbol con nuestros compañeros no tenía la misma excitación que cuando pensábamos que alguien nos atraparía en el teatro! Volvíamos sudorosas y sin respiración a nuestras clases, ya pensando en lo que encontraríamos en el día siguiente.
Nuestros planes funcionaron perfectamente por unas semanas hasta que, un día, el maestro de teatro nos atrapó y la diversión del riesgo terminó. Un hombre dramático de temperamento fuerte, nos gritó por lo que me pareció horas y nos dio un aviso que sí nos habría visto en el teatro sin supervisión otra vez, nos mandaría a la oficina del director.
Por supuesto, como las niñas locas que éramos, no acabábamos nuestra búsqueda, aunque algunas de mis amigas se acobardaran. Pero las más dedicadas continuamos con medidas de seguridad adicionales en una situación con más riesgo. Y, por supuesto, el maestro nos atrapó otra vez y, como nos ha prometido, nos mandó a la oficina del director, él gritando y nosotras llorando. Nuestro director nos dio, como castigo, una semana de recreo en su oficina, para pensar en lo que hemos hecho.
En ese momento, creí que mi padre, quien era un maestro en mi escuela, me mataría y no pude pensar en el remordimiento que mi nueva reputación traería a mi familia. Pero solamente un año después de ese crimen, las bibliotecarias de mi escuela nos prohibiría a mi y a mis amigas entrar a la biblioteca por una semana por habíamos puesto un letrero que ha dicho “Me gustan los tacos” por encima de su puerta, porque una estúpida vida de crimen siempre me divertiré demasiado y nadie puede matar a una cazafantasma.

No comments:

Post a Comment