Tuesday, March 3, 2015

Pesadilla en la lección de natación

Era febrero de 2013 y, como mis días como estudiante del colegio estaban terminando, mis padres me dijeron que necesitaba buscar un trabajo antes de que el verano comenzara. Quería encontrar un trabajo que me apasionara, así que empecé pensara en mi amor por el agua. Por mucho de mi infancia formé parte de un equipo de natación como una nadadora talentosa; por eso, decidí convertirme en socorrista por mi trabajo del verano.
            Después de una semana de clases era una socorrista certificada. Inmediatamente después de la graduación, comencé a pasar mucho tiempo en el puesto de socorrista, mirando el agua y aplicando las reglas de la piscina, como “¡No corra!” y “¡No coma al lado de la piscina!” Tuve que limpiar la terraza de la piscina, hablar con los miembros de la piscina enojados, dar  exámenes de natación y, de vez en cuando, administrar primeros auxilios. Disfrutaba de todas estas responsabilidades, pero mi trabajo favorito durante el verano era enseñar lecciones de natación.  
            Los días en que estaba a cargo de las lecciones, era responsable de organizar la lección, hablar con todos los padres de los niños y cuidar de los niños durante la duración de la lección. En el agua, siempre me sentía un poco nerviosa porque tenía que confiar en que los niños me escucharían y seguirían mis instrucciones. Trabajaba con niños de 3 a 10 años con habilidades que oscilaban entre ninguna experiencia en el agua y habilidades apto para el equipo de natación. El trabajo requería un nivel nuevo de responsabilidad y me enseñó a enorgullecer en mi lugar de trabajo.

Casi todos mis días como instructora de natación, todos los niños me escuchaban y seguían mis instrucciones, pero, un día, una niña llamada Laura quiso nadar sin ayuda. Era en una lección de grupo y  mandé que la clase sentar en el borde de la piscina mientras yo estaba nadando con un niño. Cuando estaba lejos del borde, Laura, que no sabía nadar, aprovechó la oportunidad para saltar al agua. Vi desde el otro lado de la pisca con horror mientras su cabeza se hundía en el agua, pero no podía salvarle porque estaba con el otro niño que no podía nadar. Fue el momento más aterrador de mi vida. Afortunadamente, la madre de Laura miró todos los eventos y la salvó del agua. La madre estaba muy enojada con Laura y le dijo: “¡No puedes continuar con la lección!” Mi distancia del borde y la desobediencia de Laura eran una combinación peligrosa que podría haber terminado trágicamente, pero gracias a la madre de Laura, con su vigilancia y acciones rápida, la niña todavía está viva hoy.

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