Mi
“segunda” experiencia con esquiar
Aunque había ido al
norte durante el invierno y había jugado en el nieve cuando podía, la más próxima
vez que tuve a esquiar era en Michigan cuando tenía tres años. No llamaría eso
“esquiar” porque todo el tiempo,
agarraba a una cuerda y tenía el ayuda de un instructor.
El problema es que vivo
en Jackson, Mississippi donde no hay montañas ni mucho nieve. En realidad,
Jackson es una ciudad muy plana y mientras es un lugar maravilloso para crecer,
no tiene mucha diversidad en la naturaleza. Por eso, no tenía mucha experiencia
con el mundo de esquiar. Sin embargo, cuando vino a Memphis para universidad,
sabía que estaría un poco más cerca de montañas y me dije que tomaría cada
oportunidad que podía para explorar la diversidad natural en los Estados
Unidos.
Tenía esta chance en enero de 2014
cuando un grupo de Rhodes, “Big Diehl,” nos anunció que estaba vendiendo 75 boletos
por solo veinte dólares a las 7:30 en la mañana para esquiar por un fin de
semana. Era un chollo increíble!
Entonces, una mañana frígida en enero,
mis amigas, Julia y Carolina, y yo nos levantamos a las cinco en la mañana para
hacer fila para tratar de obtener boletos. Después una mañana larga, obtuvimos
los boletos para ir! Saldríamos a las 6 en la mañana la próxima viernes para
tomar un bus por casi 12 horas a Carolina del Norte, donde era la estación de
esquí.
Después un viaje lleno de conversación
buena con Julia y Carolina, algunos tentempiés y un paisaje increíblemente
lindo, llegamos al hotel. No podía dormir porque estaba demasiado emocionada.
Me encanta la belleza y el misterio de la naturaleza y esta viaje aumentaría mi
pasión por el aire libre aún más.
En la mañana, comimos un desayuno
sustancioso para estar preparadas para la aventura del día. Cuando llegamos al
centro de esquí y vimos las montañas cubiertas con la nieve, yo no creía que
era real. La nieve me parecía suave y fresca y las cumbres altas y bajas me
intimidaban un poco.
En ese momento, la diversión empezó.
Julia, una esquiadora experimentada, me ensañaba los básicos de esquiar como
girar, acelerar, desacelerar, parar y probablemente lo más importante, mantener
el equilibrio. Fuimos al suelo plano donde los niños aprenden a esquiar para
practicar más.
Después casi una hora de practica, me
sentía lista para esquiar sola. Julia y yo
tomamos el ascensor a la más alta parte de la montaña. Podíamos ver toda la
montaña. Las personas me parecían como las hormigas y los copos de nieve como
estrellas detalladas y intricadas. Mi corazón empezó a acelerarse como nos
acercábamos la montaña. Comencé a dudar mis habilidades y a olvidar lo que
había aprender, pero era demasiado tarde a cambiar mi mente.
Desembarcamos el
ascensor con éxito y con un poca ayuda de Julia y los vigilantes del ascensor.
Ellos me dieron consejo y empecé a esquiar en pendiente sin alguna ayuda. Como
bajaba la montaña, podía sentir la aceleración pero no podía hacer nada sobre
eso. Había perdido control totalmente; no podía desacelerar, girar ni parar. De
repente, cuando traté de girar, se me caí de bruces en la nieve en frente de
muchas personas, algunos estudiantes de Rhodes.
Me senté por allí algunos minutes,
riendo. Julia me ayudó para levantarme, y yo
decidí que quizás no estaba lista para una pista de esquí tan alta. Por el
resto del día, mejoraba mis habilidades en esquiar en montañas más bajas. Julia,
Carolina y nuestros otros amigos tomamos un descanso con chocolate caliente y
maíz palomero como miramos que los otros esquiadores se les cayeron y se
levantaron. Como el sol nos dejaba, admiraba la belleza del colores diferentes
en el cielo contra la blancura pura de la nieve. Qué un día maravilloso lleno
de risa constante, amigos fantásticos y una vista increíble. Mientras había
encantado esquiar y no podía esperar a hacerlo otra vez, se me di cuenta de no
había sido tan magnífico o aun comparable sin mis amigos. Aun aprecio la
naturaleza como antes de mi viaje, pero pienso que algunas cosas puede ser infinitamente
más preciosas con las personas que valoro en mi vida.
Decimos adiós a las
montañas y regresamos a Memphis. Mis amigos y yo nos prometimos que iría en
otra aventura muy pronto. Aunque cada viaje va a estar distinto, estoy segura
que cualquier aventura va a estar inolvidable en tanto que esté con las
personas que les estimo.
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