Nací en Walnut Creek, California, a las siete y veinte cinco de la mañana
sin un cuidado en el mundo. Crecí en el principio en una casa hecha de
ladrillos rojos con un jardín de rosas maravillosas en el frente, atendido de
mi madre. Mi abuela tenía una escuela privada a la que mis hermanas y yo
asistimos y participaba en varios deportes con otras escuelas. Era más largo
que los otros chicos, era fácil ganar con mi talla. Mi padre y sus dos hermanos
mayores eran criado de una madre soltera en Daly City, San Francisco, él nos amaba
a mis hermanas y a yo más que todo en su vida y nos quería dar todo que poseía.
Vivir con cada necesidad parece un sueño, pero en realidad en algún punto de la
vida necesitas más que seguridad y certeza. Es necesario que experimentes duda
y dolor y oposición para crecer internamente y este sentimiento me continúa
acosar los veinte años siguientes mi nacimiento.
Después de quince años, estuve un estudiante de
primer año en escuela secundaria sin ninguna duda que yo era el más inteligente
que todo el mundo. Pensaba que era el
mejor porque jugaba fútbol americano y béisbol, ni siquiera los personas
mayores podrían dañar mi ego. Tenía sueños de las muchas chicas con que saldría
y de las fantásticas notas que sabía que merecía. Empecé el primer día de
escuela con la confianza de un león, pero no entendí ese día que equivocado
estaba, que en realidad estaba un pececito en la mar. No realicé mi situación y por tres
años fallaba continuamente, pero no fallaba definitivamente porque tenía ventajas
naturalezas como mi talla. También, era inteligente pero pensaba que era más
inteligente de lo que fue y estas ventajas resultando en una falta de ética de
trabajo.
La culminación de mi pobre ética de trabajo y mi gran ego ocurre el último
año de colegio. Mi consejera de escuela y yo nos reunimos y ella me dice que la
universidad que quiero asistir el siguiente otoño necesita notas mejor que las
que he recibido las tres años antes. Salgo en piezas de su oficina. He querido asistir
a esta universidad desde tenía diez años. No puedo continuar- pienso- no hay
nada que quiero hacer después de escuela secundaria excepto ir al sur de
California y jugar al fútbol americano en esta escuela. Devuelvo a mi casa este
día y se lo cuento a mi padre que sucedió y él me dijo, explícitamente, “Si no
has ganado algo no hay nada que puedes hacer para cambiar el pasado”. Estaba
destruido, no sé nada que puedo hacer en este momento porque en mi mente mi
futuro fue muerte
. Para mucho tiempo me pase
en mí mismo y pensé que no pude divertirme y que la vida esta terrible. Empiece
pensar en ese tiempo. Pienso de los acciones en mi vida que culminaban en los
aspectos desagradable. Después del evento, aprendí una lección muy valiosa, que
hay cosas que puedo controlar otras que no puedo, pero el más importante de
vida es que necesito concentrarme la mayoría de mi fuerza en lo que puedo
influir y que es necesario trabajar con una buena ética trabajo para lograr mis
metas. Si no, no estoy engañado a otra persona, soy engañado.
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