Monday, March 2, 2015

Me quitó el aliento

Caminábamos por los arboles en el aire fresco, mientras el viento soplaba como un suave susurro y el sol brillaba y nos calentaba como una motivación para permanecer fuertes, porque necesitábamos completar la misión: escalar la gran montaña Silver Fang. Podía oír los pasos de las diez otras personas de mi grupo, pero el silencio de la naturaleza los ahogaba y nadie hablaba porque no quería perturbar la paz del momento.
            Nos encontrábamos agotados físicamente por las muchas horas de alpinismo y las pesadas mochilas en nuestras espaldas, pero nuestras mentes estaban despiertas y con cada minuto en la montaña aprendíamos algo nuevo sobre los animales, la geografía, las plantas o nosotros. Yo quería ver más y sabía que, un poco más lejos, podría ver una vista espectacular, así que apreté los dientes y empecé a escalar rápidamente y poco después estaba el primer alpinista del grupo. 
            Finalmente, alcancé el saliente y detuve para mirar al mundo de abajo: me sentía como si estuviera volando. Pero, de pronto, oí un ruido terrible, como un grito que no pudiera escapar de la garganta y giré inmediatamente para ver a mi amigo en la tierra, con sus manos en su pecho, luchando por respirar con cara de terror. Me dijo, con dolor, que no podía respirar porque estaba tenido un ataque de asma. Hurgó en sus bolsillos buscando su inhalador, pero no podía hacer nada durante el ataque. Grité pidiendo ayuda repetidamente, pero el resto del grupo estaba demasiado lejos para oírme. Entonces me encontré congelada de miedo de que allí, en los montañas aisladas, nadie pudiera ayudarle.

            Después de unos pocos segundos que me parecían más como horas, nuestra guía llegó corriendo al saliente y le dio su inhalador tres veces sin resultado. Con cuidado, se sentó detrás de mi amigo, le levantó los brazos por encima de la cabeza y, juntos, respiraron tranquila y lentamente hasta pudo respirar por su cuenta. El resto del grupo y yo, quienes habíamos sido inútiles durante la crisis, mirábamos con asombro el coraje de la guía y la fuerza de nuestro amigo. Nos quedábamos en silencio hasta que nuestro amigo se levantó con cuidado y, mirando a la vista de las montañas y el mundo de abajo, dijo: –Me quitó el aliento…literalmente.

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