Soldados de Salamina, el libro por
Javier Cercas y la película dirigió por David Trueba, ocupan un espacio de
ambigüedad como “un relato real” que no aseguran ser completamente realidad o
ficción. Ambos presentan a entrevistas con personas reales, cambian entre el
presente y el pasado y finalmente, no saben el estado de Miralles – sí es héroe
o no. Estos tres elementos hacen una historia que no da un terreno firme en la
dicotomía de la verdad y ficción para proponer que a veces, algo es más
importante que su posición en realidad o ficción.
El
parte más confundido del libro al principio (y por supuesto, por mucho del
tiempo) es el hecho que el narrador del libro, Javier Cercas, tiene el mismo
nombre del autor del libro, y no puede estar completamente seguro con la
relación entre los dos – si es una historia del autor en su propio vida, una
historia real, o no. En una manera similar, hay confusión con las entrevistas
con personas reales, hasta otros autores famosos, como Roberto Bolaño. La
película mezcla posiblemente más, con las entrevistas guionadas con los autores
en el libro. Por supuesto puede ser confundido, hasta decepcionado que estas
conversaciones no son reales, o genuinas, especialmente considerando la
sugerencia de Bolaño fabricar la entrevista con Miralles porque “inventado
[sería] más real que el real” (168). Nadie, salvo Javier Cercas probablemente, sabe
si la entrevista es real – un hecho que Javier y Lola encuentran también en sus
perseguidos de la verdad.
La
forma del libro y la película también mezcla y ofusca la relación entre el
pasado y el presente para recordar que no son tan separados como cree. El libro
es literalmente se basa en el pasado, el presente funcionado como sujetalibros
al principio y al final del libro. En la película, hay flashbacks todo el
tiempo, mostrado como el pasado es todo el tiempo funcionado en el presente, y
también demandado que la audiencia le recuerda. Por ejemplo, al principio de la
escena cuando Lola va al bosque del fusilamiento, hay un disparo, como es el
momento del fusilamiento. Inmediatamente después, hay niños jugando en el
bosque. El pasado sangra entre el presente, rehúsa estar completamente en
cualquiera.
Todo
esta ambigüedad está ilustrada en las preguntas de qué es un héroe, si Miralles
fue el miliciano que no mató a Sánchez Mazas y entonces si Miralles es un
héroe. El narrador (o la narrador, depende), quiere una respuesta fácil y
simple de la pregunta sobre Miralles – sí o no. Pero como la manera que el
pasado no es solamente del pasado, no hay una manera científico para determinar
lo que es héroe (o lo que pasó en el pasado). Hasta Miralles no puede decir si fue
él o no. ¿Pero por que hay un problema en no saber? No cabe en la historia perfectísimo, pero ¿la
cosa más importante de la historia solamente es que un miliciano salvó la vida
de una persona al lado diferente, no?
Soldados de Salamina usa la
ambigüedad para demonstrar como a veces, hay cosas que son imposibles entender.
Al final del libro de Soldados de
Salamina, Javier refleja que “las palabras sólo están hechas…para decir lo
decible” (206). Como hay cosas que no son decibles, hay cosas que no son
conocible, y Soldados de Salamina nos
anima aceptarle.
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